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viernes, 19 de septiembre de 2014

Por qué los grandes líderes se enfadan y lo demuestran

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Piensa en exitosos empresarios reconocidos a nivel mundial. Son lógicos y racionales. Ante la crisis o el peligro, e incluso ante la incompetencia, permanecen enfocados, con la mirada hacia el objetivo.

No se enfadan, o por lo menos no demuestran su enojo.
A menos que sean Steve Jobs, Jeff Bezos, Bill Gates, Larry Ellison o…
A la mayoría de nosotros nos enseñaron, que la única manera de liderar efectivamente es eliminando, o al menos tragándonos o escondiendo emociones tales como la ira o la frustración. Ser profesional o dimitir.
Falso.
De acuerdo a una investigación dirigida por Henry Evans Colm Foster, expertos en inteligencia emocional, y autores de “Step Up: Lead in Six Moments That Matter” (“Da un paso: lidera en seis momentos esenciales”) inspirado en personas y equipos con gran rendimiento, en el cual muestran la variedad de emociones que éstos presentan frente a diversas situaciones.
Lo cual, cuando lo piensas, tiene sentido: todos nos enfadamos (hasta estos señores deben enfadarse de vez en cuando) así que, ¿por qué no sacarle provecho a ese sentimiento?

Evans y Foster dicen que la ira es útil si se aprovecha y controla adecuadamente, porque promueve dos capacidades necesarias para ser exitoso:

La ira crea un enfoque especial. Cuando te enfadas, tiendes a enfocarte en una sola cosa, la fuente de tu ira. No te distraes. No sientes la tentación de hacer otras cosas. Sólo ves lo que está en frente de ti. Ese grado de concentración puede ser extremadamente poderoso.
La ira genera confianza. Enfádate y verás cómo la automática liberación de adrenalina hará que tus sentimientos se maximicen y se reduzcan tus inhibiciones. La ira en pequeñas dosis puede ser la chispa que te permita comenzar algo.
Pero hay un gran problema con el hecho de enojarse. Cuando estás enfadado, es muy fácil hacer y decir cosas que luego probablemente lamentarás. Es por eso que la clave para aprovechar la ira es encontrar una manera de mantenerte en control mientras estás enojado.

¿Crees que es una misión imposible? Pues no lo es. Aquí tenemos dos ejemplos:

1. Enójate con una acción, no con una persona.
Si un empleado comete un error, el decirle “¿Cómo puedes ser tan estúpido?” puede que te haga sentir mejor por unos cuantos segundos, pero claramente no ayudará en nada.En cambio el decir, “Haces un gran trabajo, pero me cuesta entender por qué hiciste eso. ¿Podemos discutirlo?” ciertamente será una mejor opción.
El dirigir tu frustración hacia la acción y no al empleado, minimiza las probabilidades de que éste se ponga a la defensiva, y te permite expresar tu frustración sin problemas. Lo cual ayudará para que ambos se enfoquen en resolver el error.
2. Utiliza la ira para conllevar la ansiedad o el miedo.
Cuando estamos nerviosos o asustados, muchas veces nos arrepentimos de lo que no fuimos capaces de decir.
Digamos que estás enojado porque un proveedor no llegó. Pero tienes miedo de decir algo porque puede dañar una relación de negocios a largo plazo. No te escondas tras tus miedos o tu ira. Acepta el hecho de que estás enojado. Demuestra, por lo menos hasta cierto punto, que estás enfadado.
Cuando lo hagas, la liberación de adrenalina te ayudará a salir de esa zona de miedo, para ubicarte en una posición en la cual estés emocionado, apasionado y motivado, pero no excesivo ni irracional.
Sólo asegúrate de empezar poco a poco.
La mayoría de las personas se aferran a los sentimientos de rabia por demasiado tiempo. Sus sentimientos crecen y crecen hasta el punto en que no tienen control sobre sí mismos y por ende explotan. Perder tu templanza por completo, es contraproducente en el mejor de los casos e increíblemente perjudicial en los peores. La clave está en lentamente permitirte expresar niveles bajos de rabia, para trabajar la irritación, luego la frustración, y finalmente la ira.
Paso uno: cuando te sientas irritado, no te tragues esos sentimientos. Piensa sobre cómo te sientes. Piensa en por qué te sientes de esa forma. Luego trabaja con eso. Di lo que tengas que decir, demostrando un poco la irritación que sientes. No tendrás que preocuparte por perder la calma, porque, después de todo, no estás enojado, sino simplemente irritado.
Luego puedes continuar con el siguiente paso, expresar tu frustración. Mientras lo hagas, debes mantenerte enfocado en cómo te sientes. Pregúntate si estás usando tu frustración como un arma o como una herramienta.
Y por último, ya puedes expresar tu ira. Nuevamente, analízalo con la cabeza fría. ¿Estás a cargo de tus acciones y tu ira, o tu ira está a cargo de ti?
Con el tiempo, cuando aprendas a controlar y a aprovechar tus sentimientos, serás capaz de estar realmente enfadado y a la vez controlado de forma apropiada y productiva.
La ira es auténtica, al igual que los grandes líderes. Los grandes líderes son genuinos y auténticos. Es por eso que los seguimos. ¿Quieres ser un gran líder? Deja de intentar esconder tus emociones negativas. Además, las posibilidades de poder ocultar con éxito lo que sientes son escasas. Puedes estar enojado y creer que lo estás ocultando bien, pero no es así. Tus empleados lo saben.
Así que ni lo intentes. Expresa lo que sientes, pero de una forma controlada y provechosa.
“Como le decimos a nuestros clientes”, escribieron Foster y Evans, “no finjas, puedes estar molesto, pero tienes que ser inteligente mientras lo estés”. De esa forma mantendrás tus relaciones profesionales a medida que vayas superando retos. Sólo así puedes ser tú mismo, en un estado superior del ser.
Digamos que perdieron un importante contrato frente a un competidor que ni tú ni tu equipo lo tomaban en serio. No tengas miedo de recordarle a tu equipo ese momento en los meses que sigan. Si te sientes frustrado con el desempeño de tu equipo, no sientas miedo de decirlo, “Recordemos ese día, recuerden qué pasó cuando esos señores se quedaron con nuestro contrato. Recuerden cómo nos sentimos. Recuerden la carta que nos llegó cancelándonos el contrato. Cada vez que la leo me da rabia.”
Expresar esos sentimientos no sólo te ayudarán a ti a mantenerte enfocado, sino también a tu equipo. Es un recordatorio poderoso de que a veces los negocios, no son como uno está acostumbrado.
Utilizada de la forma correcta, la ira puede llevarte a ti y a tu equipo a lugares que quizás nunca hubieran llegado sin ésta.


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