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miércoles, 18 de febrero de 2015

Que la idea de la muerte no te agobie

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Para ahuyentar la muerte... nada mejor que aceptarla.

En una era en la que el final de la vida intenta ser postergado hasta los límites que imponen el cuerpo humano y la ciencia, la preocupación del psicoanálisis es atender a los efectos que la muerte tiene sobre la psique.


Esa es la receta, dicen, para una vida plena donde el fantasma del final deje de echar sombra sobre nuestro día a día.

"No es lo mismo vivir que honrar la vida, como dice la canción. Para que la vida tenga algo de brillo, es necesario poder subjetivar la muerte. Es decir, incluir la muerte como algo que está dentro de la vida misma, no como una contingencia o algo que pasa simplemente por azar o fatalidad", dice a BBC Mundo el psicoanalista argentino Walter Cortazzo.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, se refería a la muerte como un espacio irrepresentable: una realidad que para el hombre es imposible de definir y que, como tal, no tiene "inscripción psíquica", como se llama en esta teoría a aquellas nociones que la mente guarda y registra.

Pero, como el mismo Freud pudo comprobar, la realidad pone al hombre frente a la noción de muerte, la propia y la ajena.

La Primera Guerra Mundial, y sus víctimas contadas de a millares, inspiraron al psicoanalista austríaco a escribir sobre el tema -como hizo en "De guerra y de muerte", en 1915- y a afirmar que la muerte ya no podía desmentirse.

"El proceso de 'ahuyentar' se trata, en realidad, de poder asumir. El intento por prolongar la vida de cualquier modo lo único que produce es vacío y aburrimiento, que es otra forma de muerte", señala Cortazzo.

A cada época, su muerte

Sociólogos, analistas y filósofos coinciden en que la actitud de las sociedades ante "el fin inevitable" ha cambiado según las épocas.

Según Philippe Ariès, el historiador francés autor del libro "Morir en Occidente", el espacio de la muerte se ha desplazado de lo público a lo privado.

En tiempos de la "muerte amaestrada" del siglo XII, donde el fenómeno del fin no se negaba y las personas eran incluso partícipes de los rituales de sus propios entierros, la exhalación final era un acontecimiento social.

El siglo XX trajo un cambio rotundo, y la muerte se volvió "pornográfica", según la definieron algunos: se convirtió en un tema que espanta, revestido del halo de lo prohibido, y cuya mención es necesario eludir tanto como sea posible.

"Se fueron reduciendo al mínimo todos los rituales de la muerte. Ya no se muere en público, sino en una sala de terapia intensiva en un hospital, y el luto prácticamente no tiene lugar, sobre todo en Occidente. Esto trae incidencia en la elaboración de los duelos, y en la visión que tenemos de la muerte", explica Cortazzo.

Y así, dice el psicoanalista, la "seguridad del rito colectivo" ha sido reemplazada por la incertidumbre y la inquietud en el plano personal.

Muerte presente

Por eso, para los expertos en la psique, la clave para vivir sano es reconciliarse con la idea de morir, que nuestra época ha convertido en tabú.

En el contexto del psicoanálisis, "cuando algo intenta ocultarse o no decirse, siempre retorna de otra manera, y ese retorno generalmente es sintomático", dice el analista.

Para Cortazzo, el problema se ha agravado en los últimos 30 años, en el marco de la llamada posmodernidad, donde se ve un intento desesperado por prolongar la vida a cualquier precio.

"Se ha producido un pasaje de la sociedad de productores a una sociedad de consumidores. En la primera, la importancia de cuidar el cuerpo estaba dada porque éste era un medio para producir, mientras que, entre los consumidores, el cuerpo se ha convertido en un fin en sí mismo", compara el experto consultado por BBC Mundo.

Así, mientras el médico se ocupa de trabajar sobre la anatomía para sumar años de vida, la propuesta del psicoanálisis tiene otra meta.

La hora del duelo

Parte del plan de vivir mejor es incorporar la noción de duelo. De uno aún más complejo que el que impone una pérdida irreparable o la partida de un ser querido: el duelo de la muerte propia.

Si el siglo XXI trajo consigo una forma de vida "líquida" -como la describe el sociólogo Zygmunt Bauman- marcada por la inestabilidad y las indefiniciones, es difícil para la mente humana reconciliarse con la muerte como hecho.

Pero la misión es indispensable, desde la perspectiva psicoanalítica.

"El duelo ante nuestra propia muerte es, más bien, el duelo ante el límite que tiene nuestra vida: ante el hecho de que somos mortales. Cuando alguien puede tomar conciencia de que la vida se termina inexorablemente, puede lograr que sus días se tornen más interesantes", aconseja Cortazzo.

Y agrega: "La vida no podría tener valor si no tuviera fin. Es lo que pasa en la película Highlander, donde al tipo le resulta insoportable vivir sin límite y decide convertirse en un ser mortal".

Para lograrlo, la vía propuesta por esta rama de la psicología es, claro está, el análisis.

A la hora de dar consejos, sólo esbozan uno: no hay recetas ni terapias express, ni técnicas comprobadas o libros de autoayuda. La muerte, como la vida, está en función de la singularidad de cada ser humano.





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