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lunes, 18 de abril de 2016

El ajedrez como ayuda al cambio en cárceles

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AJEDREZ EN EL CEFERESO 16: UNA CÁRCEL DE MUJERES

El ajedrez es mucho más que un juego. Desde hace unos años sus aplicaciones terapéuticos y sociales se vienen aplicando en distintos lugares y con diversos colectivos. Hoy sabemos de experiencias muy positivas a través del ajedrez con indigentes y otros colectivos en riesgo de exclusión, con enfermos de Alzheimer, autismo y otros trastornos mentales, o como tratamiento multimodal en casos leves de TDAH. Pero si existe un uso social por antonomasia, en el que el noble juego despliega sus potencialidades como una verdadera herramienta de cambio personal, es el que sucede cuando el tablero y las piezas se ponen a disposición de la población reclusa.


El pasado día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, más de 200 internas del Centro Federal de Reinserción Social (CEFERESO) nº 16, un centro exclusivamente femenil ubicado en Coatlán del Río, Morelos (México), pudieron disfrutar de una jornada de ajedrez sin precedentes que, sin duda, recordarán de por vida.

La jornada fue organizada por la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), el Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Reinserción Social (OADPRS) y la Fundación Kasparov de Ajedrez para Iberoamérica, en la línea institucional y conjunta de continuar impulsando proyectos de carácter social. Se enmarcaba dentro del programa que la Fundación Kasparov ya inició a finales de 2015 con el firme propósito de llevar el ajedrez como herramienta eficaz de reinserción a todos los Centros Federales del país.

Cabe recordar el extraordinario éxito del programa llevado a cabo en el CEFERESO N° 1 El Altiplano, en el Municipio de Almoloya, estado de México.

Las participantes del torneo demostraron un absoluto respeto por el juego en todo momento. FOTO: CNS

En esta ocasión fueron las internas del CEFERESO 16 las que comprobaron durante una jornada de más 5 horas cómo el juego del ajedrez puede enseñarles principios estratégicos de enorme valor, sobre todo en un entorno tan complejo y  difícil de privación de libertad. Pensar antes de actuar, tomar consciencia de los actos que se cometen, aceptar los errores sin buscar excusas ni escudos psicológicos como la mala suerte, aprender a valorar una posición (no solo en el tablero) para trazar el mejor plan, respetar las reglas y al rival… Todas estas enseñanzas, típicas de un tipo de pensamiento estratégico, están de un modo inherente en el noble juego; se trata tan solo de saber aprovecharlas para después aplicarlas a situaciones concretas de la vida.

La Fundación Kasparov, con la presencia de su presidente ejecutivo Hiquíngari Carranza, orquestó  a los efectos un torneo entre 20 internas de los módulos 4 y 5 del CEFERESO. Entre la fase clasificatoria (4 rondas a 7 minutos por jugadora) y la gran final (se enfrentaron las 2 mejores clasificadas), se ofreció la ponencia “Ajedrez: un camino para el cambio” por parte de Manuel Azuaga, experto en ajedrez social y en su aplicación en el colectivo de mujeres. Azuaga, presidente de la asociación Ajedrez Social de Andalucía, desarrolla con éxito desde 2014 un proyecto destinado a mujeres en riesgo de exclusión bajo el nombre de “Ajedrez e Igualdad”.

Durante su intervención se puso la tilde sobre el modo en que el ajedrez social se puede erigir como un elemento de transformación incomparable. Entre otros motivos porque el ajedrez no entiende de edad, es cierto, pero tampoco de género. Un tablero y unas piezas nos conceden poder, nos empodera, en términos de igualdad. Ejemplos muy elocuentes los encontramos en las biografías de grandes jugadoras de ajedrez, como las hermanas Polgar o Vera Menchik, sin duda una mujer a la  que la historia (no solo del ajedrez) aún  no ha reconocido como debiera su inmensa contribución en favor de la lucha por la igualdad de género en la primea mitad del siglo XX.

Azuaga subrayó la importancia de los efectos negativos en la relación con las familias de la población interna, especialmente en el colectivo de mujeres. Cuando un hombre cumple condena, paga según derecho; pero cuando se trata de una mujer, la condena es doble: legal y familiar, pues a ella se le culpa de romper los lazos familiares, de no ser una esposa ideal o, peor aún, una buena madre. Esta estigmatización social acarrea un efecto emocional muy dañino que, sin duda, acompaña a la mujer reclusa durante todo su internamiento. En este sentido, los estudios de Murray (2005), Western (2006) y Drucker (2011) son contundentes y concluyen que la mujer interna tiene un doble costo social. Es aquí donde Azuaga hace surgir, alegóricamente, la figura de la dama del ajedrez y su importancia en el noble juego. O lo que es lo mismo: una interna no deja de ser la dama de su tablero familiar, y necesita de algún modo darse cuenta de que la partida aún no se ha perdido. Porque en la vida, como sucede en el ajedrez, siempre hay segundas oportunidades. Nos podemos equivocar, pero también podemos levantarnos y seguir jugando. Y esta toma de consciencia contribuirá, definitivamente, a través del juego, a un replanteamiento de la visión que las internas tienen de su futuro y del modo de encarar los problemas y situaciones que se encuentren fuera del ámbito penitenciario, una vez logren reinsertarse en sociedad.

Volvamos por un momento a la final del torneo. Las dos finalistas jugaron a la mejor de 3 partidas. Lo hicieron sobre un tablero gigante de 3×3, mientras iban indicando los movimientos al equipo de profesoras de ajedrez de la Fundación Kasparov. Unas profesoras que, no en vano, son el fruto de los primeros seminarios de capacitación que la Fundación celebra al objeto de formar miles de nuevos docentes de ajedrez. La emoción de la final se palpaba entre las más de 200 internas.

Por si fuera poco, el devenir de la competición quiso que el enfrentamiento se diera entre una interna del módulo 5 y otra del módulo 4, por lo que una sana rivalidad impregnaba la atmósfera del gimnasio, sede ocasional de este primer torneo de ajedrez. Los segundos del reloj agitaban la tensión y los nervios de un público que guardaba un silencio digno de elogio, mostrando un respeto absoluto por el juego, por sus dos compañeras. De repente, un alfil atravesó una gran diagonal y capturó una torre en a8. El auditorio rompió su recogimiento con un aplauso espectacular, se oyeron gritos de ánimo, de júbilo y camaradería. Finalmente, el resultado fue lo de menos, pero para ser justos con esta crónica diremos que ganó por la mínima (2-1) la jugadora local, después de haber empezado perdiendo la primera partida (0-1), lo que viene a demostrar que nunca hay que rendirse, tampoco en el tablero.

La jornada, en resumen, fue un éxito rotundo y ayuda y fortalece uno de los más firmes objetivos de la Fundación Kasparov de Ajedrez para Iberoamérica: apoyar las políticas de reinserción social y hacer más soportable la reclusión a los internos (en este caso a las internas) en las cárceles mexicanas, y qué mejor modo de hacerlo que a través de la enseñanza y la práctica del ajedrez.





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