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martes, 19 de abril de 2016

En el ADN también está escrito la edad de la primera relación sexual

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* Una investigación identifica los genes asociados con la edad de la primera relación sexual con penetración.
* El estudio puede utilizarse para efectuar estrategias más efectivas en educación sexual y salud pública.


Ninguna persona olvida la fecha en la que tuvo su primera relación sexual. Lo que en principio pensaba ser algo inolvidable es recordado a menudo como una completa catástrofe. Según un informe del Instituto Nacional de Estadística de 2003, la edad media de ese coito es de 17,5 años en los chicos y 18,2 años en las chicas. Otras investigaciones, sin embargo, sitúan la edad promedio de inicio de las relaciones sexuales entre los 15,5 y los 17,9 años. Estos datos corroboran que nuestra primera relación sexual con penetración está marcada, en líneas generales, por la falta de experiencia y la juventud. Incluso conceptos tan populares como el de la pérdida de la virginidad están rodeados de mitos como el del himen.

Los factores sociales y culturales son determinantes en la edad a la que mantenemos la primera relación sexual con penetración.

Los genes que influyen en la edad del primer coito

Una investigación, realizada en más de 380.000 personas, ha identificado 38 variantes genéticas que se relacionan con la edad en la que se produce el coito con el que iniciamos nuestra actividad sexual. Algunas de estas variantes se localizan dentro o cerca de genes previamente implicados en el desarrollo del cerebro y de las conexiones nerviosas. El estudio de la Universidad de Cambridge asocia estas secuencias del ADN con una serie de comportamientos reproductivos, no solo la edad de la primera relación sexual con penetración, sino también con el primer nacimiento y el número de hijos que tendremos.

Los científicos han determinado 38 variantes genéticas relacionadas con el instante en el que tiene lugar el primer coito. El Dr. John Perry, de la Unidad de Epidemiología del Medical Research Council (MRC) de Cambridge, expone que "mientras que los factores sociales y culturales son claramente fundamentales, el trabajo muestra que el primer coito también está influido por genes que actúan sobre la madurez física en la infancia y por genes que contribuyen a las diferencias en la personalidad". "Un ejemplo es la variante genética identificada en CADM2, un gen que controla las conexiones neuronales y la actividad cerebral, igualmente relacionado con presentar una personalidad más temeraria o imprudente", explica el investigador. Esta secuencia genética en concreto se relaciona además con una edad más prematura para la primera relación sexual y un mayor número de hijos a lo largo de la vida.

Si bien la contribución del ADN en la edad del primer coito es moderada, resulta interesante conocer el papel que juega la genética en este aspecto de nuestra vida. Por ejemplo, el instante en el que se produce la pubertad ha caído desde los 18 años en 1880 hasta los 12,5 años en 1980, una depreciación producida por los cambios en la nutrición y el tamaño del cuerpo, también por la exposición a disruptores endocrinos. En ese sentido, algunos estudios han logrado identificar cierta correlación entre la edad en la que entramos en la adolescencia y en la que mantenemos nuestra primera relación sexual; por lo que, según los autores, esa relación igualmente podría darse a nivel genético. En palabras del Dr. Ken Ong, pediatra de la Unidad de Epidemiología del MRC, "ya se ha demostrado que la pubertad precoz y el rápido crecimiento infantil afectan negativamente a los riesgos de padecer enfermedades durante la edad adulta. Pero ahora se han señalado los factores que pueden perjudicarnos a edades más tempranas, incluyendo el comienzo precoz de las relaciones sexuales o un nivel educativo más bajo".

La edad a la que se origina la pubertad ha disminuido drásticamente en los últimos 136 años. Los resultados de esta investigación en genética indican que tanto la madurez física como rasgos de la conducta contribuyen a la fecha en la que se inicia la actividad reproductiva y las consecuencias de estas primeras relaciones, influyendo además en factores asociados con la educación y la conducta. Según el trabajo realizado por Nature Genetics, considerar estas variantes individuales, que afectan a la edad de la primera relación sexual con penetración y a otras características como una personalidad más alocada o imprudente, podría ayudar a desarrollar estrategias más efectivas para la educación sexual y la salud pública.




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