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martes, 19 de abril de 2016

Suerte, Casualidad o Destino

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Lo que recolectamos al final de una temporada es el resultado de las decisiones que tomamos en el transcurso de ella. Al asumir la responsabilidad por esas escogencias sembramos un destino; pero cuando éste no nos gusta, entonces culpamos a la suerte, la casualidad y a la supuesta predeterminación de nuestro futuro.


Ningún equipo o persona es omnipotente, infalible ni dueño total de su devenir. El ambiente, los competidores y las situaciones no previstas poseen su peso en los éxitos o fracasos. No obstante, hacer responsable a la suerte, el destino es un buen pretexto en manos de quienes no trabajan fuerte para crearlo. “¡Yo nunca tengo suerte!” dice quien espera que ella tome el mando de su vida. El azar tiene su papel; así lo dicen las leyes estadísticas de la probabilidad, pero ocurre fuera de nuestro control e intervención. En el deporte, cuando un equipo está realmente preparado para ganar, la fuerza de la superstición, de los amuletos y del aferramiento a creencias negativas del pasado pierden peso frente a la confianza, el talento aprovechado y la determinación. La fortuna favorece a quien trabaja.

Las casualidad existe, a todos nos pasa. Ni siquiera vale la pena intentar entender por qué, sencillamente suceden. Son combinaciones de circunstancias que concuerdan en un tiempo y lugar. Varios viven felices el resto de su existencia al lado de alguien que conocieron por “casualidad”. El error es sentarse a esperarla, el acierto es estar listos por si transita frente a nosotros. “El éxito es el lugar donde la preparación se encuentra con la casualidad”, reitera un conocido refrán.

Quien se prepara para cultivar su futuro, saben que la libertad, el libre albedrío, se antepone a la creencia de que ya todo está escrito en sus vidas. No achacan su destino a un guión con el que nacieron, fijan sus metas y comienzan la obra. Incluso piensan que suerte es la palabra que usa Dios cuando quiere permanecer anónimo. Desaprovechar el ser capaces de ampliar los talentos puede inducir a un equipo al limbo de la frustración al mirar el carro deportivo de las oportunidades, sin ser capaz de subirse a él. Ocuparse con alta exigencia no garantiza el éxito; pero crea las situaciones para aprovechar las casualidades y oportunidades.

Sabemos que ‘éxito’ está antes que ‘trabajo’. La suerte será la mejor amiga de quienes la necesitan para progresar; la casualidad, la aliada de quienes estén listos para aprovecharlas, y el buen destino, la recompensa a las decisiones de los que aceptan ser los buenos conductores de su vida, de los que se dedican a hacer que las cosas sucedan.




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