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miércoles, 6 de julio de 2016

Beneficios que la meditación puede traer a tu vida

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Explicamos cómo puede la meditación contribuir a nuestro bienestar. La ciencia ya se ha encargado de estudiarlo.


Cada vez son más las personas que han descubierto en la meditación una manera de combatir el estrés y cada vez son más las empresas que incluyen el 'mindfullness' (el derivado occidental de la meditación más comercialmente aceptado) en sus programas de motivación para empleados. Pero los beneficios de la meditación van mucho más allá de la mera relajación o de una puesta a punto de la mente para producir más y rendir mejor en el trabajo. 

La meditación es una técnica milenaria que nos pone en contacto con nosotros mismos y con nuestro entorno inmediato, mientras nos libera de la exagerada presión que nuestra mente ejerce con su habitual flujo compulsivo de pensamientos. En otras palabras, la meditación atenúa el ruido mental para obtener una consciencia más clara. Esta práctica, orientada fundamentalmente a crear ese silencio interior mediante la focalización consciente de la atención, genera beneficios a todos los niveles, que sin duda producirán una respuesta agradecida de todo el organismo. 

La ciencia ha empezado ya a detectar, reconocer y nombrar con claridad esos beneficios. Estos son los más destacados e interesantes: 

1.Mejora el funcionamiento de algunas funciones mentales básicas.

Numerosos estudios han demostrado que las personas que practican regularmente la meditación obtienen mejores resultados en ejercicios relacionados con la concentración, la atención o la memoria. Asimismo, se ha comprobado químicamente que la meditación disminuye el flujo de cortisol, la llamada "hormona del estrés": se trata de una hormona neurotóxica que puede dañar las terminaciones neuronales, afectando a nuestra capacidad de aprender y memorizar. Además, la neurociencia ha podido mostrar varias veces que la práctica de la meditación origina cambios beneficiosos en la estructura de nuestro cerebro: por ejemplo, aumenta la densidad neuronal en las áreas corticales que tienen que ver con el pensamiento, la memoria, el juicio y la toma de decisiones.

2. Reduce la ansiedad, la depresión y el estrés.

Al enfocar la atención en la propia respiración, en las sensaciones físicas o en los estímulos inmediatos del entorno, de alguna manera "nos escapamos de la prisión de nuestra mente". En situaciones de estrés, ansiedad o depresión, nuestros pensamientos aparecen naturalmente contaminados de contenidos ansiógenos y deprimentes, y se crea una dinámica negativa que aumenta el malestar. La meditación, como intento de crear silencio interior, nos libera de esos pensamientos e interrumpe la dinámica. Además, nos ayuda a ganar una perspectiva nueva y menos contaminada de nuestros problemas: los relativiza…y a menudo nos pone en una mejor disposición, anímica y práctica, para resolverlos. Estos "periodos de descanso" que la meditación nos brinda tienen también un efecto positivo muy parecido al del sueño: nos recarga de una energía que puede resultar muy útil para enfrentarnos  a los asuntos que nos preocupan más profundamente con vigor y con una consciencia más clara. 

3.Nos ayuda a controlar mejor nuestras emociones.

Habitualmente se crean dinámicas difíciles de manejar entre pensamientos y emociones. Por ejemplo, cuando estamos enfadados, pensamos más en lo que nos enfada, y eso a su vez hace que nos enfademos más…y así quedamos atrapados en un círculo negativo, mentalmente secuestrados por la ira, y no podemos pensar en nada más: quedamos anulados. O cuando estamos tristes, generamos pensamientos tristes y quedamos atrapados y anulados en la tristeza. La meditación, como intento de centrarnos en el presente observando nuestros pensamientos sin atender a su contenido ni juzgarlo, introduce una distancia muy sana y necesaria entre nuestra mente y nuestras emociones. De esta manera, podemos tomar decisiones más sabias y más acertadas, y podemos tomarlas sin estar bajo la presión emocional del momento. Por eso puede afirmarse que la práctica constante de la meditación puede ayudarnos a abandonar hábitos emocionales tóxicos para adquirir otros más sanos, lo cual sin duda redundará en un mayor bienestar para nosotros y para las personas que estén a nuestro alrededor. 

4.Desarrollo de la empatía y la compasión.

Un reciente estudio del Center for Investigating Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin-Madison, demostró que la meditación puede favorecer un incremento en la corteza parietal inferior, una región directamente implicada en la empatía y en la comprensión de los demás. En el transcurso de dicho estudio, se pudo observar mediante resonancia magnética cerebral, que las personas que meditan presentaron un aumento significativo de la actividad neuronal en la corteza prefrontal dorsolateral, un área que se comunica con el llamado 'núcleo accumbens': Estas regiones del cerebro están vinculadas a la regulación de las emociones y a las emociones positivas.  Este importante beneficio de la meditación ya ha tenido incluso aplicaciones prácticas: en el periódico 'La Vanguardia' , hace algunos años, informaban de un experimento un emprendido en Barcelona con 84 profesionales del ámbito de la salud: "En el experimento se entrenó a médicos y enfermeras durante un año en 'mindfulness' y al acabar el programa estos afirmaban sentirse menos irascibles y ansiosos; consiguieron reducir el estrés que sentían y, sobre todo, aumentaron los sentimientos de empatía y compasión". Destaca, por su belleza, el testimonio explicativo de uno de los médicos que participaron en el experimento: "Meditar hace que entres en la habitación de un paciente prestando plena atención a aquella persona, sin estar pensando en el otro que acabas de dejar en la habitación contigua o en la operación que tienes luego. Con entrenamiento, somos capaces de percatarnos de que, tal vez, lo que le sucede a ese paciente es que tiene miedo, que está ansioso ante una posible intervención. Entonces podemos conectar con esa persona". 

5.Fortalece el sistema inmunológico.

Un estudio muy reciente publicado en la revista 'Psychosomatic Medicine' demuestra que la práctica constante de la meditación puede aumentar los niveles de anticuerpos -proteínas producidas por el sistema inmunológico del cuerpo cuando detecta antígenos (sustancias nocivas)- en tan sólo ocho semanas. Como hemos señalado, la meditación aumenta la actividad en la corteza prefrontal, y también en la ínsula anterior derecha, y el hipocampo derecho. Éstas áreas controlan las emociones positivas, la conciencia y la ansiedad… pero también actúan como un centro de mando para el sistema inmunológico, por lo que al ser estimulados, ayudan a que funcione de manera más eficaz. 

Algunos consejos para meditar

Meditar es una práctica aparentemente sencilla, pero requiere cierta disciplina, y sobre todo constancia.

Los expertos recomiendan buscar un lugar tranquilo y acogedor, libre de interrupciones y silencioso en la medida de lo posible. En cuanto a la postura del cuerpo, lo más importante es mantener la espalda recta, en una postura cómoda y equilibrada. Lo más recomendable es sentarse en el suelo, pero también se puede meditar en una silla o estando acostado (aunque ésta ultima opción incluye un mayor riesgo de quedarse dormido).

Una vez hayamos encontrado nuestra postura, lo importante es elegir "el objeto" de la meditación, aquello en lo que concentraremos la atención para interrumpir nuestra corriente habitual de pensamientos, es decir, para propiciar el silencio interior. A partid de ahí, todo es relajarse en esa actitud  y dejarse llevar. Por supuesto, la mente no va a parar de intentar interferir; no suele guardar silencio voluntariamente. Ante eso, debemos mantener una actitud contemplativa: observaremos los pensamientos sin juzgarlos, y sin dejarnos llevar por su contenido; los observaremos como formas que surgen y se desvanecen, y volveremos tan pronto como podamos a poner toda nuestra atención en nuestro objeto de meditación.

Aunque no hay normas fijas y cada persona debe encontrar sus propios tiempos y ritmos, 20 minutos al día suelen ser una buena cantidad de tiempo para meditar, aunque la persona puede ir aumentando esta dedicación hasta los límites que considere adecuados. Para personas con poco o ningún entrenamiento en meditación, puede ser aconsejable empezar por tiempos más cortos.




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